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25 August Ibagué: Primeras impresiones.El video lo pueden descargar de aquí: La coordenada del despegue: http://maps.google.com/maps?f=q&hl=en&q=4.530681,%20-75.082886&layer=&ie=UTF8&om=1&z=13&t=k&iwloc=addr Luego de cerca de un año de análisis meteorológicos y estudios virtuales de topografía, utilizando las aplicaciones de Google Earth y XCSkies, la iniciativa de Alejandro Isaza adquiere forma y partimos junto con Ana María y Miró, rumbo a Ibagué, el viernes 22 de Agosto, a las 5:30 pm aproximadamente. La mejor alternativa de carretera desde Medellín consiste en utilizar la vía Medellín - Bogotá, bajar a Puerto Triunfo y continuar por el Magdalena hacia el sur, hasta Honda, en donde en lugar de subir a Bogotá al oriente, nos desviamos hacia el occidente rumbo a Mariquita, y de ahí, simplemente nos mantenemos hacia el sur, rumbo a Ibagué. Es un recorrido de 360 kilómetros, que a pesar de la lluvia, lo salvamos en cómodas 6 horas, en una carretera bastante más fácil de sortear que la Medellín - Roldanillo. En El Salado (un barrio especial de Ibagué, en el costado oriental) nos esperaba Héctor Corrales con su inseparable equipo de tierra, Héctor Rivera (quien adelanta un importante trabajo para montar el embalse La Tatacoa, con la central hidroeléctrica más grande del país), y Carlos Arcila. El hospedaje fue en un sitio denominado Lagos Club, de ComfaTolima (www.comfatolima.com), que es un centro recreativo de la caja de compensación familiar, con lagos, toboganes, pistas de ciclismo, canchas profesionales de tejo, fútbol, dos piscinas semiolímpicas, etc, así como excelentes y confortables habitaciones, con servicio de restaurante y desayuno. Un lugar digno de una sede importante para un posible campeonato. Llovió toda la noche, como era de esperarse. El sábado nos levantamos como es usual en los paseos de vuelo, y a las 8:00 am estábamos desayunando en la sede de Lagos Club. Salimos rumbo al sitio de despegue que habíamos estudiado previamente, cerca de un pueblo denominado San Juan de la China, alrededor de las 9:30 am. Al parecer habían tres carreteras posibles, la mas vieja subía por un pueblo denominado Alvarado, varios kilómetros al norte, y tardaba cerca de 3 horas al parecer, pero habían otras dos que subían por la cara sur una por La Flor y otra por San Bernardo. Aunque creíamos que la de San Bernardo era la mejor opción, nos encontramos primero con la carretera de La Flor y le hicimos el intento. Cuanto estábamos a 1400 mts de altura (el piso del valle está a 900 mts en El Salado, pero desciende progresivamente hasta 450 mts en Alvarado) y luego de sortear varios derrumbes y zonas complicadas, terminamos tirando la toalla, porque la carretera parecía estar llevándonos en dirección equivocada, más hacia el occidente, adentro de Ibagué, que rumbo a la punta de la cordillera en el oriente, al pié del valle. Nos regresamos, y esta vez fuimos hasta San Bernardo, donde comenzamos de nuevo el ascenso rumbo a San Juan de la China. La carretera de nuevo no parecía la mejor, con zonas complicadas por el invierno, y dos secciones de derrumbes en las que nos detuvimos a caminarlas primero para evitar un "incidente". Corrales incluso insistía en que debíamos devolvernos porque si llovía un poco más, se terminaba por desplomar la carretera y los carros quedarían atrapados en la montaña, pero ya estábamos allí, y no íbamos a tirar la toalla. Minutos mas tarde pasó un pesado camión que nos informó que la carretera "estaba muy buena"... Es probable que esta sea la ruta principal del pueblo San Juan de la China y a pesar de su precario estado, la deben mantener en servicio, y tiene más tráfico que la solitaria vía de Roldanillo. A 1500 metros hicimos una primera parada para estudiar un posible despegue, que implicaba una pesada caminata de campo traviesa... afortunadamente unos campesinos que estaban allí nos informaron que otros pilotos "se habían tirado de más arriba". Nos aventuramos 10 minutos más de carretera (la mejor parte de la carretera) y tras una obvia desviación a la izquierda, llegamos a una excelente zona de despegue. Saltamos todos del carro buscando el mejor sitio en una extensa ladera de potrero sin obstáculos. Cada vez que avanzábamos por el potrero encontrábamos un sitio mejor, y unos metros más adelante, otro mejor... al final terminamos armando a 1980 metros sobre el nivel del mar, en un espectacular despegue con 15 o 20 km de viento de frente, mirando hacia el sur, y con espacio para armar más de 100 alas y con más de 10 sitios difeferente para despegar. La pendiente y la falta de obstáculos se presta para despegar incluso sin viento, o utilizando cualesquier técnica deseada. - Este sitio de despegue queda a aproximadamente 1:00 de San Bernardo. Alejandro Isaza armó junto con Corrales y Héctor Rivera en un pequeño plano que tenía una rampa de despegue con una suave pendiente, que permitía una carrera sostenida y sana, que hasta permitía suspender la carrera. Carlos Arcila y yo optamos por un despegue con menos carrera y más pendiente (uno o dos pasos firmes y largos) justo al lado de la carretera. Luego de armar rápidamente y mientras esperaba que mis compañeros terminaran de organizar pacientemente sus equipos, el clima hizo lo que se suponía: Se formó una nube infinita 300 metros por debajo del despegue que pronto nos dejó inmersos en una espesa neblina. La base no subía, a pesar del constante viento de 20 km de frente! (Esperando en el Despegue) A las 3:30 pm aproximadamente el viento disminuyó un poco y la nube se empezó a desbaratar, abriéndonos una ventana justo al frente del despegue. En minutos despegamos Isaza, Rivera, Yo y Arcila. Héctor Corrales al parecer estaba algo nervioso y decidió desarmar. Los primeros minutos de vuelo fueron mágicos. Volando entre pequeñas nubes en condiciones suaves. (Un minuto después del despegue) (Tres minutos después del despegue, mirando al Sur. Se aprecian aterrizaderos de "emergencia" en el pequeño cañón donde se encuentra San Bernardo.) Luego de perder 150 metros jugando entre las nubes, decidimos salirnos hacia el valle. El pronóstico meteorológico mostraba un viento marcado del sur, entre 13 y 15 kilómetros por hora, que estuvo completamente acertado. También mostraba que no se formarían nubes, y estuvo acertado respecto al valle, donde se tomó el pronóstico, pero en la montaña los vientos anabáticos lanzaban el aire cálido y húmedo mas allá de la inversión proyectada de 1000 metros, y lo condensaban en una espesa nubosidad completamente pegada a la ladera. La inversión, como anotaba, se proyectó a 1000 metros, y estuvo ligeramente desfasada, ya que a las 4:00 pm logramos tomar dos o trés térmicas pequeñas y débiles que nos mantenían alrededor de los 1250 metros. (Volando hacia el Nororiente, rumbo a Alvarado, a la izquierda en la foto. Se aprecian los potreros de emergencia, entre el cañon al centro de la foto, paralelos a la carretera entre San Bernardo y Alvarado) (Para que no se asusten, el sur ofrece un panorama completamente aterrizable) (Así se veía el occidente, con Alejandro y Rivera detrás. Estas tres últimas fotos, son en secuencia en el mismo punto, mirando primero al nororiente, y girando lentamente por la derecha hacia el sur y luego hacia el occidente.) (De nuevo, mirando hacia el Sur Oriente, que a pesar del viento de frente, ofrece un interesante panorama para hacer distancia o triángulos, hasta las montañas del fondo, entre Gualanday y Chicoral) Finalmente, salimos al valle y nos alcanza Carlos Arcila, quien venía unos minutos atrás, y volamos los cuatro, Carlos Arcila, Alejandro Isaza, Héctor Rivera y yo, cerca de Alvarado, sobre la carretera principal. Minutos mas tarde, y todavía a poco más de 600 metros sobre el suelo, Carlos Arcila se va a aterrizar en un potrero cerca a la carretera, porque andaba algo nervioso por la cometa (estaba volando la Litespeed de Anibal, con arnés prestado también, y extrañaba la hipersensibilidad de pitch que tiene esa cometa, y la elevada velocidad). Los tres restantes continuamos rumbo a Alvarado, a donde llegamos con 1000 metros de altura, (550 sobre el pueblo). Héctor hace un circuito amplio y pierde más altura y decide aterrizar en un buen potrero. También algo nervioso por su más de 1 año sin volar en cometa. Alejo Isaza continúa hacia el norte, luego de remontar hasta 1250 (800 mts sobre el suelo), mientras yo me quedo observando el aterrizaje de Héctor y el planeo de Isaza, en un pequeño núcleo que me mantiene a 1100 mts. (Alvarado) 10 minutos más tarde veo a Isaza 5 o 6 km más al norte, aterrizado en un arado, y decido volar hacia allá, pero cuando estoy a 2 kilómetros de distancia, y satisfecho con los 50 minutos de vuelo, decido devolverme hacia donde Héctor Rivera, después de que Alejandro reporta haber roto un lateral y que el arado está pantanoso, Héctor por su parte está más cerca de Alvarado, en un potrero de manga dorada por el sol, mucho más bonito, con un hermoso lago. (El potrero donde aterrizamos) El Balance: Después de 58 minutos de vuelo, y a pesar de las estables condiciones que encontramos, y que no se escapaban mucho a lo pronosticado por xcskies (www.xcskies.com) estamos muy convencidos de que el potencial para vuelos de distancia es impresionante, y la zona ofrece un panorama muy agradable, con aterrizaderos excelentes y seguros, y una infraestructura vial que promete. Hay bastantes arrozales y tememos que quizás el aire sea más estable de lo que arrojan los días buenos en el pronóstico meteorológico, pero eso será algo que tendremos que revisar de nuevo. El sitio de hospedaje es perfecto, incluso con posibilidad de acampar para los que andan más cortos de presupuesto. Con respecto a Roldanillo, queda más cerca para los pilotos de Bogotá, casi equidistante para los de Antioquia y un poco más alejado de Cali, pero quizás es el punto más central para las tres capitales de vuelo en Colombia. El despegue es por mucho, superior al de Roldanillo, por lo que despegar deja de ser un acto heróico y los pilotos podemos preocuparnos 100% en el vuelo. Definitivamente voy a volver cuando disminuya un poco la temporada de lluvias. Hay que darle una buena oportunidad al sitio para estudiar una nueva sede al campeonato nacional. Para los que quieran curiosear, pueden descargar el mapa de carreteras del Tolima desde mi espacio en el siguiente vínculo:
Trataré de publicar un video mudo en los próximos días. 12 August Campeonato Nacional - La Revancha. Día 3- Nota al margen. En la entrada anterior mencionaba que "misteriosamente" se me había perdido el registro del primer vuelo. Ahora caigo en cuenta del error. Resulta que el computador de vuelo lo tengo programando para grabar un punto cada dos segundos. Por tanto, la memoria estimada del equipo sólo alcanza para cerca de 9 horas de grabación. Ahora, como los vuelos se graban en el equipo con firma digital, y en archivos de registro virtualmente separados, la grabación no funciona como en los equipos de gps garmin, en los que usualmente cuando la memoria está llena, simplemente empieza a borrar los puntos más viejos para abrir espacio para escribir los más recientes. Al parecer el computador de vuelo no logra hacer esto, sino que simplemente borra el último vuelo íntegramente, para acomodar el vuelo actual. Al poner a grabar con intervalo de 2 segundos, al parecer la memoria de vuelo sólo graba alrededor de 9 horas (curiosamente el equipo dice tener 21.000 puntos de grabación en el manual del usuario, lo que equivaldría a 11:45:00 de grabación a un intervalo de 2 segundos, no obstante, cuando se selecciona el intervalo de 2 segundos en el menú de configuración, aparece un texto que dice "aproximadamente 9 horas...") Asumo pues que el registro del vuelo del primer día, que duró cerca de 4 horas, se haya borrado automáticamente cuando junto con los registros de vuelo del segundo y tercer día excedieron la capacidad de memoria del equipo. Ahora si, la carretica sobre el tercer día. Luego de una agradable invitación del médico (Diego Ortiz) a cenar en los Gorrones, con una exquisita punta de anca asada al carbón, decidimos acompañarlo a volar en el despegue de los paisas. Hace varios años que no despego de allí y a pesar de ser un despegue "más amigable", algo intimidado me tenía. Programamos una prueba de ida y vuelta, de 91 kilómetros, que nos lleva al sur hasta La Herradura, de ahí atravesando hacia Andalucía (podíamos haber puesto Bugalagrande, pues de todas formas terminamos sobre ésta), luego volaríamos hacia el sur hasta el aeropuerto de Tuluá, y de ahí volveríamos hacia el aeropuerto de Roldanillo, vía La Paila, para asegurar la carretera. El viento en el despegue era bastante agradable, y decidí no esperar más y aprovechar el día. Despego minutos antes de las 11, y pronto estoy a 2100, base nube, tratando de escapar a la nube. Termino volando sobre el despegue de los paisas, 100 metros por encima de la base de la nube de amparito, que pronto se extiende alrededor mio. Quedo atrapado al occidente del despegue, de forma tal que si deseo salir de allí hacia el valle, debo sacrificar al menos 200 metros para asegurar pasar por debajo de la nube y hasta el valle. Decido relajarme y esperar a que los hermanos García reporten que arrancan hacia el sur. Finalmente llega el reporte, pero no de los García, que realmente son mudos por el radio, sino del equipo de tierra, que los tiene en visual. Arranco detrás de la montaña, en la cara que da al Dovio, y recorro los primeros 3 o 4 kilómetros por allí antes de poder escapar a la nube que me separa del valle. Finalmente salto hacia el valle y puedo ver que los García me aventajan por 1 y 3 kilómetros. Apuro el paso y lentamente les doy alcance, al escoger una mejor línea de vuelo. Nos unimos detrás de Roldanillo, donde marco una buena térmica bajo unas nubes muy prometedoras, y saco la cámara para hacer algunas tomas. Aquí está la secuencia... Roldanillo, llegando a La Escuelita. El promedio de ascendencia. La ennubada por ponerme a mirar el paisaje y a tomar fotos... Saliendo de la nube rumbo a Bolivar. Se aprecia la represa Primavera, detrás de Bolivar. Cada que alcanzamos a Jorge, éste se nos vuela, sin esperar siquiera un minuto a que Carlos esté en mejor posición para acompañarlos. Nos lleva una térmica, y lo podemos ver avanzando algo más bajo que nosotros, pero en forma agresiva. Lo alcanzo sobre Bolivar, a donde llego bastante más alto, y una vez en base nube, decido esperar a Carlos y a Jorge, a ver si continuamos juntos el vuelo. Sin embargo, tan pronto Jorge está llegando a la base de la nube, y todavía 50 metros debajo de mi, arranca rumbo a la Herradura. Yo espero a Carlos, y cuando estamos ala con ala, nos coordinamos y arrancamos a la caza de Jorge. En la Herradura no parece haber un buen núcleo, pero cuando estamos todavía a 5 kilómetros, se empieza a formar una pequeña nube, y vemos cómo Jorge, varios cientos de metros por debajo, pero 5 kilómetros delante, toma una impresionante térmica. Acelero y dejo atrás a Carlos, tratando de llegarle a Jorge, pero es demasiado tarde. Cuando llego a la térmica, Jorge está 100 metros por encima, y sin perder un segundo, arranca hacia la baliza de la Herradura para preparar la cruzada del valle. Yo estoy sólo unos minutos delante de Carlos, y de nuevo, arranco a cazar a Jorge. En la baliza de la Herradura me encuentro con la que sería la térmica más fuerte de la temporada, que me registra un pico de +9 m/s (pero promedia 4m/s) en el que casi pierdo el control, pues me toma por sorpresa volando completamente recto y me sube en un agresivo ángulo que me deja sin velocidad en el punto muerto. A duras penas logro tumbar el ala izquierda justo antes de entrar en una agresiva pérdida, y la cometa cae sobre el ala girando bruscamente de nuevo dentro de la térmica, a la que entro esta vez con más velocidad. Pongo la cometa en la punta del ala y empujo. Jorge arranca a cruzar el valle hacia Andalucía, y mientras lo sigo con un ojo, veo a Carlos llegando a la misma térmica casi 150 metros más bajo. Calculo que en tres o cuatro giros Carlos estará a la altura para cruzar el valle, y decido arrancar, indicándole a Carlos que me voy a cargar más al norte de la ruta, apuntando hacia unos buenos arados en Bugalagrande, el lugar de atravesar en la diagonal hacia el suroriente, detrás de Jorge, en una línea que no promete tanto. Jorge me llevaba cerca de 3 kilómetros, pero su decisión no es la mejor y a pocos kilómetros de Andalucía, vira 45 grados hacia la izquierda en busca del mejor panorama que ofrece Bugalagrande. Coincidimos en Bugalagrande, pero yo lo aventajo por unos cuantos metros. Mientras tanto, Carlos sufre un lapsus de desorientación cardinal, y en lugar de cargarse hacia el norte por donde yo crucé el valle, se carga hacia el suroriente, haciendo prácticamente la misma vuelta que Jorge, pero se tarda más en darse cuenta de su error, y cuando vira hacia el nororiente, rumbo Bugalagrande, a donde llega con poca altura y su vuelo terminaría en un potrero al sur de Andalucía. Corrales, que se encontraba alcanzando a Carlos, se lanza muy bajo hacia las colinas de Andalucía y de allí se rescata luego de estar a escasos 300 metros del suelo del valle. Tomamos altura y nos disponemos a marcar la baliza de Andalucía, pero hay una interesantísima nube 2 kilómetros fuera de ruta, hacia el Oriente, sobre las laderas. Invito a Jorge a que me acompañe, pero me dice por radio que primero va a marcar la baliza. Decido acompañarlo. Tan pronto tomo la baliza, vuelvo a apuntar hacia una segunda nube, un poco más al sur de la primera, al oriente de la ruta, sobre las laderas, e invito a Jorge a acompañarme, pero éste me dice que va a seguir recto rumbo a Tuluá. No me convence, y prefiero probar suerte arriesgando esos 3.5 kilómetros fuera de ruta, que me funcionan de maravilla, al tomar una térmica de +4m/s que me sube rápidamente de 1800 mts a 2400 mts, mientras veo cómo Jorge trata de ganar altura a poco menos de 2 kilómetros, sobre el valle. Decido entonces volar solo y tratar de terminar el recorrido. Marco la baliza de Tuluá a 2100 metros, pero encuentro una buena térmica que me devuelve a los 2400, e inicio el largo camino de regreso. Cuando llego a Andalucía me encuentro con Corrales, que apenas está llegando a la base de la nube y se dispone a marcar la baliza de Tuluá a 7.5 kilómetros de distancia. Lo disuado por el radio de su intento, invitándolo a que más bien me acompañe desde allí y de regreso hasta la meta, pues si se aventura a marcar la baliza, quedaría 15 kilómetros detrás y solo, pues Jorge ya ha marcado Tuluá para entonces y viene en camino. Vuelo hasta Bugalagrande con Corrales, viendo una agresiva quema a unos 2 kilómetros de distancia hacia el valle a la que no queremos meternos, ni tenemos la necesidad, pues estamos por encima de los 2000 metros. Sin embargo, Corrales empieza a cargarse tímidamente hacia la quema, y yo no voy a dejarlo tomar esa ventaja, así que lo sigo. Afortunadamente a esa altura ya intensidad de la quema es manejable y aunque no nos metemos del todo en su núcleo, logramos subir en forma controlable hasta 2500 metros. Hacemos un tímido planeo de 4.6 kilómetros hasta La Uribe, pues las nubes desaparecen por completo y sólo se vé un desconsolante cirro de allí hasta la meta. Paramos en un mal núcleo que además se dificulta su centrado, pues Corrales no parece volar bien con compañía, ya que cuando intento centrarla, me gira por dentro, sacándome de la térmica y él tampoco la centra. Luego de dos o tres intentos en donde más que centrar la térmica estoy es tratando de no chocar con Corrales, y luego de perder 5 minutos y 30 metros, decido continuar en un planeo más largo. Estoy convencido de que todavía hay buenas térmicas al frente, pero que hay una inversión que ha bajado y no permite que se formen nubes, entonces creo que no tiene sentido tratar de montarse de nuevo en los 2400, sino buscar planeos y térmicas entre los 1400 y los 2000 metros. Me le escapo a Corrales en un planeo de casi 8 kilómetros hasta inmediaciones del Ingenio La Paila, en los que él se detiene a los 4, y llego a un buen núcleo a 1440 metros de altura, que aunque así lo había previsto, me puso obviamente a tragar saliva un buen rato, pensando que no iba a encontrar nada y que debía haberme quedado con Corrales en el 0.2m/s en que estábamos. Una vez estoy centrado, le reporto a Corrales mi posición y le digo que aproveche su altura y se venga inmediatamente, pero parece hacer caso omiso y se queda con su 0.2m/s. En 6 minutos subo de 1440 metros a 2180 metros, promediando 2 m/s, faltándome todavía un poco más de 4 kilómetros para la baliza de La Paila, y 11.5 más hasta la meta, para un total de 16 kilómetros aproximadamente. El computador me arroja números positivos, con un planeo requerido de 12.8:1 Decido lanzarme. Lentamente los números del planeo requerido disminuyen, a pesar de que la altura al gol sigue registrando 100 metros positivos, pero eso está bien. Significa que estoy por encima de la senda de planeo requerida. a 7 kilómetros de la meta encuentro un área buoyante de actividad, pero luego de disminuir la velocidad y hacer una pequeña S, decido seguir de largo para confirmar los datos que arroja el computador. Ahora la altura al gol reporta 200 metros. Sin embargo, entre el kilómetro 5 y el kilómetro 3 paso por una larga zona de aire descendente que me arrebata esos 100 metros extra que había ganado hasta ahora, y cruzo la meta prácticamente con la altura que el computador lo había predicho cerca de 15 minutos antes. Alrededor de 20 minutos más tarde llegan Corrales y Jorge García, ambos con bastante altura extra, habiendose detenido a 7 kilómetros de la meta. Corrales aterriza en la pista luego de una buena final pero un pésimo efecto tierra, mientras Jorge opta por aterrizar en el arado al otro lado de la carretera, que parece estar más enfrentado con el viento. 10 minutos más tarde de que aterrizan, entra el viento del pacífico, con una fuerza que hubiera hecho muy improbable llegar a la meta, si no se está por lo menos en un planeo de 5:1. Secuencia de Aterrizaje de Corrales. 11 August Campeonato Nacional - La Revancha. Día 2Segundo día del post-nacional Roldanillo 2008. Es hora de hacer algo distinto. Les propongo a Jorge, Carlos y Corrales que volemos hacia el norte y pasemos de Cartago. Tenemos una baliza marcada en La Virginia, que casualmente es la baliza más al norte impresa en el mapa de balizas que utilizamos en el campeonato nacional, y cuyo original quedó en manos de Corrales. El viento en el valle a las 10:00 am tiene una marcada incidencia del norte, con varias quemas a ambos lados del valle notoriamente acostadas. Corrales propone alargar un poco el vuelo haciendo una primera baliza en La Paila, a lo que estamos de acuerdo, pero incluso ponemos una baliza más en Cruces, con el fin de no volar en línea recta hacia Cartago, en medio del valle, sino asegurar el vuelo sobre la carretera principal y facilitar la logística con el equipo de tierra. Coche despega de primero, luego de un llamado de atención por su deteriorada técnica de despegue del día anterior, y nos muestra a todos lo receptivo que puede ser, al mejorar en creces su despegue, con una carrera impecable que sacó a la cometa completamente plana, sin buscar velocidad perdiendo altura, como es de costumbre. Durante la carrera perdió un poco el ala izquierda, pero se debía a que el viento estaba cruzado de la izquierda. Sin embargo, bien por esa Coche. Para las 11:25 estamos todos en vuelo, y a las 11:30 arrancamos rumbo hacia el aeropuerto de Roldanillo, donde una pequeña humareda de una quema nos invita. Coche se nos ha adelantado, y volando sin variómetro no logra centrar la térmica de la quema y aterriza cerca al aeropuerto. Luego de un planeo de 8.5 kilómetros Jorge, Carlos y yo empezamos a subir muy lentamente sobre el aeropuerto, y minutos mas tarde nos alcanza Corrales. La térmica no parece funcionar muy bien, y nos tardamos 24 minutos en subir de 1500 a 2050 metros (el suelo del valle se encuentra a 1000 metros aproximadamente). Dejo escapar a Jorge García cincuenta metros por debajo, y me quedo con Carlos, mientras veo cómo le va rindiendo el planeo, y la línea que ha escogido. No se ve muy prometedor. Salgo un par de minutos detrás, pero cargado hacia el norte, buscando una mejor línea. Hago un planeo de 7.5 kilómetros hasta encontrar una pequeña burbuja en la que inicio el modo de búsqueda. Carlos que viene detrás marca un mejor núcleo a unos metros de distancia, y me devuelvo a acompañarlo. Jorge se nos une. Tomo altura un poco más rápido que Carlos y arranco con Jorge a marcar la baliza en La Paila. Luego de marcarla, una tentadora nube un par de kilómetros hacia el suroriente me invita y apunto hacia ella, mientras mantengo un ojo en Jorge, quien marca la baliza y se devuelve en sus pasos hacia el noroccidente. Decido continuar mi técnica de chupa sangres de hoy y doy media vuelta y persigo a Jorge. Tomamos una térmica que con mucha paciencia nos regala sólo 200 metros. Aparece un cirro desde el sur, y la sombra nos invade. Podemos ver la línea de sol muy cerca de Zarzal, a 5 o 6 kilómetros de distancia, pero nuestra precaria altura (1700) haría que el planeo hacia el sol nos deje en una situación bastante comprometida. Carlos vuelve de la baliza bastante bajo y abre arnés sobre un arado cerca del ingenio La Paila. Logra recuperarse lentamente mientras Jorge y yo giramos sobre su cabeza. Pierdo el rastro de Corrales, quien está volando a la Colombianita, mi antigua cometa tricolor con vela UV por encima, que la hace virtualmente invisible cuando está en planeo. Después lo oigo reportarse por radio aterrizado en el aeropuerto de Zarzal, mientras nosotros luchamos por no perder altura. Tardamos 50 minutos en la zona de La Paila, avanzando sólo 8 kilómetros (4 entrando a la Paila y 4 saliendo), hasta que finalmente logramos una altura considerable (2100 mts) para intentar escapar a la sombra, hacia el prometedor sol sobre Zarzal. Jorge hace la jugada primero y yo lo sigo junto con Carlos. Jorge marca un núcleo en Zarzal y yo decido aventurarme a su izquierda, invitando a Carlos conmigo, pues Jorge no se vé muy sólido en la térmica. No tengo suerte luego de un par de giros y llamo a Carlos por el radio para que nos unamos al núcleo de Jorge. Jorge y Carlos sobre Zarzal, mirando hacia La Paila. Jorge arranca de nuevo delante, rumbo a la Victoria y yo salgo detrás a su derecha, un poco más sobre las laderas del oriente de la carretera principal, y mi línea parece estar rindiendo frutos. Carlos me acompaña y finalmente está haciendo planeos más agresivos e interesantes, con mejor perfil de arnés y cruzando prácticamente en la misma línea de planeo que yo (Carlos vuela una Talon 140 de Dacron, que es una cometa ligeramente inferior a la que yo vuelo actualmente). Carlos sobre Zarzal volando con dos gallinazos, mirando hacia Obando. Se puede apreciar el cirro y el hueco azul que nos espera para llegar hasta la siguiente baliza en Cruces, al pié de la montaña del fondo. Zarzal. Tomamos una térmica en medio de la Victoria y Zarzal que nos deja con poco más de 2400 metros, y continuamos rumbo al norte de la Victoria. Tomo la delantera y me salto dos o tres burbujas que no ameritan girar, no sin antes frenar sobre ellas y tratar de exprimirlas al máximo. Luego de 11 kilómetros, estamos sobre los arados más prometedores al norte de La Victoria, subiendo en una suave térmica que nos regala 300 metros en 10 minutos (300 mts / 600 segundos = 0.5 m/s). Les reporto a Carlos y a Jorge que quizás sea nuestra última térmica y que vamos en lo que creo, será nuestro último planeo hacia la baliza de Cruces... que equivocado estoy. Arranco solo hacia Cruces, mientras Carlos y Jorge permanecen subiendo lentamente en la misma térmica de La Victoria, me arrepiento y vuelvo en mis pasos para perseguirlos, mientras todavía tengo altura para devolverme con ellos. No quiero hacer un planeo hasta el suelo solo. Me hago debajo de ellos y donde hay otro núcleo un poco más agradecido que me regala 100 metros más de los que tenía cuando me había lanzado al infinito. Salimos con 2180 metros rumbo a Cruces. Jorge se abre hacia el valle, mientras yo invito a Carlos para que nos recostemos más hacia las montañas. Carlos me sigue la corriente y me acompaña. Nos va muy bien. Recorremos alrededor de 7.5 kilómetros girando varias veces en pequeñas burbujitas, que nos mantienen entre 2050 y 2150 metros a todo lo largo, entonces decido lanzarme debajo del cirro, hacia una nube interesante al oriente de Obando que nos deja a 2400, mientras Jorge lucha por debajo de 2000 al occidente de Obando sobre el valle. Le digo a Carlos que sigamos, y marcamos la baliza de cruces con 2100 metros y nos enfilamos hacia otra nube bajo el cielo gris. Finalmente parece que estamos haciendo avances interesantes. Tomo una térmica espectacular que me deja a 2700 metros un par de kilómetros antes de Zaragoza y arranco hacia Cartago. El computador me muestra un par de veces números positivos a La Virginia, pero todavía es un tiro muy largo de 24 kilómetros donde todo puede pasar. Me adelanto un poco a Carlos y Jorge, tratando de reportarles las espectaculares condiciones para que sigan avanzando, pero la emoción de ver números positivos hacia La Virginia me impide esperarlos. Debo llegar a la meta. En Cartago hay una nube grande al oriente, y una más pequeña al occidente. Me dirijo a la del oriente pero 1 kilómetro antes, cuando estoy llegando, noto un mejor desarrollo vertical en la pequeña nube del occidente y me desvío 45 grados a su encuentro. Llego sobre Cartago y bajo la nube que elijo con 2300 metros. Hago 4 giros y estoy casi en basenube. Me reporto en planeo final, a 17 kilómetros de la meta. Dejo volar la cometa suavemente mientras paso la base de la nube, y subo lentamente hasta los 2600 metros, donde toco la nube por unos segundos. Vuelo Mccready 0, a mejor planeo, apenas percibiendo el leve sonido que hace el variómetro cuando se vuela ligeramente por encima. Me dirijo en línea recta hacia la meta. Mi cometa está arrojando impresionantes números y el viento parece estar en completa calma. Promedio 14.9:1 a la meta en los 17 kilómetros totales, prácticamente en la misma línea de pendiente todo el tiempo. Llego sobre la meta con 400 metros de sobra, lo que el computador me había dicho. Vuelo sobre el Pueblo y encuentro una pequeña térmica en la que lentamente subo a 1700 metros, mientras espero a los hermanos García, que vienen en planeo final. Minutos más tarde veo a Jorge llegando apenas al primer potrero luego de las laderas al sur de la Virginia, pasa las pequeñas colinas y hace un par de giros de reconocimiento, y aterriza a menos de 2 km de la meta y a menos de 1 km de La Virginia. (La meta está un poco desviada hacia el Ingenio, al occidente de la Virginia). Un par de minutos mas tarde llega Carlos, cerca de 300 metros por encima de Jorge, pero no se arriesga hasta la baliza de la meta y prefiere quedarse sobre Jorge haciendo una aproximación amplia. El equipo de tierra coincide, pero tarda un par de minutos en la entrada al potrero, mientras lo autorizaban para pasar, y se pierden el aterrizaje de Carlos. Excelente vuelo de 4:24, y 84 kilómetros de distancia. Termaleando en Cruces. Durmiendo en térmica sobre Cruces. Poniéndole la pata a Carlos García. Llegando a La Virginia Vista de Pereira desde La Virginia Mirando a Cartago desde la Virginia La Virginia, el sitio aproximado de la meta y el sitio donde aterrizamos. El Ingenio de La Virginia Puente Oriental de La Virginia (Tiene potreros aterrizables también) Puente Sur de La Virginia Carlos García aterrizado en La Virginia 10 August Campeonato Nacional - La Revancha. Día 1.Después de finalizar el campeonato nacional, y como era apenas de esperarse, el clima mejoró. Todas las conversaciones entre pilotos la semana siguiente empezaban con la misma frase: "Estás viendo el día...?", o "viste el clima que está haciendo?"... Obviamente se percibía un ambiente que a lo menos ameritaba un viaje de regreso a Roldanillo, a vengarse de los difíciles días que tuvimos durante el campeonato nacional. Me invitaron Jorge García y Carlos García a acompañarlos en su carro, en el que viajaba además Gustavo (alias "campeche") y Sebastián, el hijo de Carlos García, como equipo de tierra. No pude resistirme ante tan provocativa invitación y abandoné las obligaciones laborales del viernes, escapándonos el miércoles en la noche (7:00 pm) rumbo a Roldanillo. Bastante agotadora la carretera, llegamos al hotel pasadas la 1:00 am del jueves 7 de Agosto. Descansamos como pudimos hasta las 7:30 y luego nos preparamos para subir al despegue. El clima estaba interesante, con techos por encima del despegue desde las 9:00 am, y con marcado viento de frente. Subimos a volar Héctor Corrales, Coche (piloto nuevo de Roldanillo) los García y yo. Como todos los primeros días de vuelo, nos tomamos más tiempo del necesario en prepararnos, y despegamos muy tarde. Sólo 10 minutos después de que despegara el último piloto, el viento del pacífico hizo su aparición y volar por ella montaña dejó de ser una opción. Como parte del paseo de vuelo, decidimos hacer pruebas estilo "campeonato", con inicios de carrera, boyas con radios, y metas, y tratar de volar con contacto radial y visual para aprender de las decisiones de todos y mejorar las tácticas de Cross Country y competencia. La prueba que programamos iniciaba en la misma forma que la última prueba del campeonato nacional: Con un único "start", para mantenernos todos juntos y sincronizados, volaríamos hacia el sur por la cordillera, hasta el alto de la Herradura, donde cruzaríamos el valle hacia Bugalagrande, pero de allí, en lugar de volver hacia Roldanillo, pasaríamos de largo por Zarzal hasta Cruces, al norte de Obando. En total, contabilizaba 94 interesantes kilómetros. El viento amenazaba estar del norte, pero confiábamos en que el pronóstico que venía proyectando XCSOAR (www.xcsoar.com) iba a mostrar un viento considerable del sureste al principio de la tarde, que nos impediría seguir hacia el sur. Jorge García tan pronto tomó altura en Amparito, voló hacia el start, a 4 km de distancia. Yo me quedé en medio del camino, a 2 km, esperando a Carlos y a Corrales para hacer un grupo más interesante. Coche me pasa de largo por debajo y se va de cacería tras Jorge. Toman el start y arrancan en un largo planeo hacia Roldanillo. Coche termina aterrizando en la manga del Iyomá 30 minutos después de despegar. Lentamente empiezo a avanzar con Carlos García, siguiendo a Jorge, y aprovechándonos de sus decisiones. Jorge no parece tener intenciones de esperarnos, ni de volar en equipo, y se escapa tan pronto lo vamos alcanzando. Pasa hacia Bolivar dejando una nube más de 200 metros debajo de la nube, y el viento del sur empieza a notarse. Dejo a Carlos detrás, cerca de Roldanillo, con Corrales, y persigo más alto y 4 km más atrás a Jorge, quien pasa Bolivar a media altura luchando contra la turbulencia del viento sur y el rotor, para empezar a ganar altura sobre Ricaurte. Lo alcanzo llegando a la baliza de la Herradura, y empezamos a cruzar el valle juntos, hacia dos nubes que se ubican a lo largo de la línea de 11 km hacia Bugalagrande. Ninguna de las nubes nos funciona, a pesar de que vamos separados tratando de mapear las condiciones. Nos seguimos en un planeo largo hasta el suelo, prácticamente en Bugalagrande, donde ambos, con el arnés abierto, nos jugamos una última carta sobre un arado aterrizable, que ofrecía la mejor opción como gatillo térmico enl a zona. Funciona y nos enroscamos en una pequeña y turbulenta térmica, que en minutos nos saca de apuros y nos reactiva el vuelo al otro lado del valle. El viento no parece consistente, y algunas veces las térmcias derivan hacia el norte, algunas veces hacia el sur, y los planeos marcan viento del oriente a pesar de que el viento en superficie conforme las humaredas que se evidencian es marcadamente del pacífico. - Nota al margen: Estaba tratando de bajar el registro de vuelo desde el computador de vuelo, pero preocupantemente no está. No sé que ocurrió, o cómo se borró. Sólo encuentro los dos últimos vuelos. No estoy seguro si tuvo que ver con la versión del software que estoy probando o con la cargada del equipo entre el primer vuelo y los dos últimos vuelos. Ojo con eso. Como para resumir un poquito el vuelo, Carlos y Corrales quedan llegando a Zarzal, de regreso de la baliza, completando entre 55 y 60 km del recorrido. Jorge García continúa conmigo, pero bastante más bajo, y no logra pescar una térmica entre la Victoria y Zarzal, a la que yo llego con cerca de 600 metros, pues el viento del pacífico ya es fuerte y las térmicas están derivando mucho. Finalmente continuo solo hacia la meta, a la que llego cómodamente después de asegurar una térmica extra. Tomo altura sobre la meta prevista, y empiezo a devolverme hacia Roldanillo, haciendo tiempo mientras el equipo de tierra recoge a los otros pilotos. Finalmente el viento del pacífico me corta el paso sólo pasando Obando, y luego de jugar con varios focos térmicos sobre el cementerio de Obando, a escasos 200 metros del aterrizadero que he escogido, aterrizo sin mayores inconvenientes para desarmar bajo la sombra de un buen árbol, al pie de la carretera. Jorge García en Amparito Carlo García saliendo de la nube en amparito
Los dos hermanitos sobre Zar Armenia, desde Las Cruces Jorge García Las Cruces (La meta del día) |
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