Daniel's profileDaniel Vélez BravoPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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27 May Entrenando – Lunes 25 de Mayo de 2009Último día de entrenamiento, y día de regreso hacia Medellín, que como siempre, impone la necesidad de volar una prueba hacia el norte. Proponemos un Start en Amparito, luego Zarzal, luego el Puente de La Victoria, luego Obando y finalmente aterrizando al sur de Zaragoza. Isaza abre el día con un buen despegue a pesar del insensato viento que no parece querer confabularse con nosotros. Todos lo seguimos y en menos de 10 minutos estamos casi todos los pilotos en vuelo. La delegación de Mauricio Hoyos y compañía deciden probar suerte donde Bernardo, y el equipo de Alejo Trujillo, con sus dos “alumnos” despegan sin inconveniente desde la torre, para hacerse un agradable vuelo hasta la seca. Sergio Arango está cómodamente encima de nosotros en Amparito, y cuando Jorge García y yo tocamos la base de la nube y nos abrimos un poco hacia el norte, vemos como Sergio se lanza en un planeo hacia Higueroncito pensando que nosotros ya arrancábamos hacia el norte, completamente desentendido de la intención de nosotros de volar primero hacia Zarzal. Son inútiles los intentos radiales por hacerlo cambiar de dirección y volver a Amparito a esperar 20 minutos más por el primer start, pues su radio no parece funcionar, y 15 minutos más tarde lo vemos luchando en una turbulencia cerca de la antena de Higueroncito. Faltando algo menos de 2 minutos para el start, y todavía algo lejos de la línea, el gps me dice que voy a salir 1 minuto y 10 segundos tarde si arranco ya. No estamos en la mejor posición, pero con sólo 1800 mts (50 bajo la nube), tampoco es mucha la diferencia. Reporto por el radio que es hora de irnos, pero los García me ignoran, y curiosamente Isaza, que está incomunicado (problemas de conexión en el radio) arranca unos segundos detrás de mi. Por lo menos voy a tener algo de apoyo durante el planeo que nos espera. Es un planeo largo de 7 kilómetros que nos deja a 400 mts del terreno, donde un par de quemas marcan direcciones opuestas señalando hacia una zona desencadenante en la que ponemos todas nuestras esperanzas. Alejo sirve como marcador en el primer núcleo que sentimos mientras yo me extiendo en un circuito exploratorio tratando de buscar un mejor núcleo, que finalmente y luego de 3 o 4 giros encuentro 800 mts más al sur. Alejo se demora un poco más en aventurarse a mi núcleo y logro superarlo por poco más de 100 metros de altura. Jorge y Carlos habían parado justo fuera de Amparito a mejorar su altura y a mirar nuestra suerte, pero para cuando deciden acompañarnos ya estamos cómodamente remontando en la térmica y terminamos más de 200 metros sobre Jorge y cerca de 400 metros sobre Carlos, quien llega a tratar de rescatarse. Yo no tengo ni afán, ni intenciones de arrancar solo, entonces espero pacientemente a que Jorge e Isaza mejoren su posición antes de continuar hacia Zarzal. Finalmente se lanza Isaza primero un poco hacia el sur, luego lo sigue Jorge a su izquierda, y finalmente yo los escolto pero me desvío cerca de 1.3 km más a la izquierda de Isaza, hacia el norte. Una vez en Zarzal encuentro un núcleo consistente y llamo a Jorge. Isaza inicia también una larga transición para unírsenos, pero ni Jorge ni Isaza pescan el núcleo. Pacientemente los espero en basenube disfrutando de mi altura, y metiéndome y saliéndome de la nube varias veces, mientras Jorge e Isaza buscan por todas partes un núcleo coherente. Carlos, que se había quedado atrás en el aeropuerto de Roldanillo, termina alcanzándonos muy por encima de Jorge y de Isaza, y finalmente Jorge marca una buena térmica a la que me úno desde arriba. Girando basenube, unos cuantos metros sobre Jorge, veo que éste disimuladamente perfila su arnés en un último giro y empieza a halar geometría. Va a hacer su movida. Le reporto a Carlos que arranco con Jorge para no dejarlo volar, e iniciamos un planeo de 10 km volando a un McCready +2 (58km/h) casi todo el tiempo. Cuando nos acercamos a La Victoria le indico a Jorge que conservemos la altura y bajamos la velocidad a 50 km/h. Tenemos la baliza del Puente de La Victoria y ningún indicio de térmicas en la zona. El área urbana parece estar soleada y emitiendo mucho calor, al igual que las colinas pequeñas al nor-este de la victoria, pero también hay una zona de arado al occidente del rio, justo pasando el puente, con una pequeña humareda saliendo de una construcción. No le creo mucho a la humareda ni a la zona que parece bien húmeda y le digo a Jorge que inmediatamente marque la baliza voy a virar hacia el pueblo para hacer un patrón de búsqueda. Jorge por su parte me dice que prefiere volar hacia la quema primero. Desafortunadamente Jorge sólo hace un leve sobrepaso por la quema e ignora todos los extremos del arado que podría desencadenar una térmica, para luego re-enrutarse hacia mi posición. Yo por mi parte sobrevuelo el pueblo sin mucho éxito y logro ver unos gallinazos justo al norte del pueblo, junto a las laderas, y les regalo un amplio patrón de búsqueda en el que pierdo 50 metros solamente, pero al fin y al cabo, pierdo altura. No me desgasto más y aprovecho mi escasa altura para explorar otra zona sobre la salida norte de La Virginia, justo entre las colinas, en donde se encuentra el basurero. Centro un 0.5m/s promedio, que me regalan poco más de 100 metros, para luego alargar un poco más el giro en búsqueda del núcleo esquivo, y luego de tres saltos conservadores logro pescar ese núcleo y lentamente desenterrarme, mientras Jorge vuela penosamente sobre el límite norte del pueblo, y terminaría aterrizándose allí. Alejo Isaza llega fuerte por el oriente, y nos enroscamos en la misma térmica, sólo que yo tengo un mejor núcleo que me permite superarlo por varios metros. Definitivamente Isaza no ha marcado la baliza del puente, y está en buena posición, a sólo 2 km de distancia, y con casi 2000 mts del altura (1050 sobre el suelo), que le permiten ir a la baliza y volver cómodamente hasta la misma térmica o al menos la misma zona, perdiendo menos de 400 metros. Sin embargo, lo veo arrancar rumbo norte, por lo que le digo a Carlos, que vuela unos kilómetros detrás, justo en medio de las laderas de La Victoria, que Alejo se va a saltar la baliza, entonces que se la salte él también para que sigamos juntos. 5.5 km delante tomamos otra térmica y veo cómo Isaza se devuelve rumbo a la Victoria. Me doy cuenta entonces que no era su intención robarse la baliza, sino que la olvidó y no miró su instrumento, y sólo 5 km más adelante lo nota. En todo caso, toma una decisión profesional y difícil al pretender cumplir con el recorrido previsto, así sea sacrificando dos térmicas y teniendo que recorrer 10 kilómetros más (5 de regreso y 5 de vuelta al punto donde se encuentra). Tiro la toalla, y decido que no lo voy ni a acompañar, ni a esperar. Aprovecho mi posición para iniciar la avanzada hacia Zaragoza. Llego a la boya de Obando con 600 metros, una altura nada despreciable, e inicio un circuito de búsqueda en un área complemtamente estable. No tiene caso. Recorro todo el pueblo, y todas las zonas de contraste y posibles gatillos que puedo imaginar sin mayor suerte. Incluso intento un salto de 3.6 km hacia el valle, hacia un gran arado que parece haber recibido bastante sol y encontrarse seco, y gasto 130 metros de altura mapeándolo y recorriéndolo por todos sus extremos, hasta finalmente toparme con una pequeña turbulencia ascendente en la que 4 minutos más tarde logro ganar 38 míseros metros (un promedio de 0,15 m/s de ascendencia). El carro está esperándome en el aeropuerto de Obando, pero Carlos e Isaza se encuentran aterrizados al sur de Obando en un potrero flaco y largo junto a la carretera. Me reportan viento del sur (yo me encuentro al norte del sitio de aterrizaje de ellos) por lo que sería un trayecto de 3.4 km con viento de frente, convirtiéndose en un crítico planeo de 10:1. Hay un potrero intermedio donde podría abortar, y confío en que la línea sobre el pueblo me brindaría algo de sustentación extra para aplanar la senda de planeo. Me decido finalmente y mi línea parece jugar en mi favor, con un sol que empieza a calentar (pero no lo suficiente). Tengo la mente sólo puesta en el potrero y no quiero preocuparme por treparme, pues la senda es tan plana que no puedo permitirme ese lujo. Llego al potrero con la posibilidad de hacer un gran circuito de reconocimiento y una final larga. Entro a aterrizar un poco bajo, pero la final está rindiendo bastante. Todo se vé bastante rápido y siento una acelerada pérdida de sustentación. Temo haber entrado con cola y anticipo un flare que resulta transformarse en un vertiginoso ascenso de 2 o 3 metros que no logro sostener, y finalmente caigo como una plasta de jirafa en piso, absorbiendo un poco de la caída en los pies pero continuando con un movimiento hacia delante que me deja en la barriga y en el speedbar. La cometica no sufre para nada, y yo tampoco estoy maltratado, pero sí tengo el ego bien apachurrado, pues todo pudo ponerse color de hormiga. Al desarmar encuentro que el tip derecho parece tener unas pequeñas fisuras en espiral que no había visto. El aterrizaje no estresó el ala tanto (las puntas no tocaron el suelo y la cometa se deslizó un metro o dos en el speedbar nada mas) entonces se lo atribuyo a que durante el armado en el despegue la cometica se cayó de la quilla sobre los tips. Cambio el tip por un repuesto que tengo en el carro y guardo la cometa con el tip nuevo, dejando el fisurado en el carro. (Debo botarlo, para evitar tentaciones). Entrenando para el Mundial, Domingo 24 de Mayo de 2009.Esta vez nos animamos a conocer un despegadero nuevo, subiendo por la carretera pavimentada hacia la Tulia, un par de kilómetros más arriba que el despegadero de Bernardo (sobre el cual ya había hablado en entradas anteriores). Se trata de un sitio comprado por Mauricio, un Italiano que está dictando cursos de parapente y está “enamorado” de Roldanillo. El sitio se veía bastante elevado pero algo más encañonado que el voladero de Bernardo, y además la rampa de despegue estaba rodeada por un par de líneas de árboles. No ofrecía mucho espacio para armar y la carrera de despegue se veía algo quebrada, con pequeños montículos que nos desentusiasmaron. Estaba algo tarde para bajar hasta Roldanillo y volver a subir al despegue oficial, máxime dado el antecedente del día anterior en el que prácticamente todos los pilotos se quedaron sin volar, por lo que decidimos probar suerte en el despegue de Bernardo. Como siempre, fuimos cordialmente recibidos en un fascinante lugar, en donde justo cuando llegamos, encontramos a Bernardo con una Guadañadora en la mano limpiando el sitio, que bien parece una cancha de golf. Aun tratándose de un lugar que el mismo Bernardo clasifica como “no apto para novatos”, dada la senda de planeo de casi 8:1 para alcanzar el aterrizadero oficial del Iyomá (Ubicado a 960 mts de altura y a 4.7 km de distancia, con un desnivel de algo más de 600 metros), yo estoy completamente entusiasmado con el lugar. La comodidad del armado, la seguridad que brinda el despegue, la cercanía con Roldanillo, a solo 15 minutos en pavimento, son todos factores que mejoran enormemente la seguridad, aunque las posibilidades de treparse pueden resultar un poco más complejas que las que brinda Amparito (la térmica de servicio del despegue oficial). Sergio Arango fue el primero en salir, y tras un planeo largo que lo dejó a poco más de 300 metros de altura, pero con el aterrizadero completamente a tiro. Finalmente nos mostró toda su experiencia de más de 25 años, y logró treparse lentamente hasta la nube. Alejo Isaza lo siguió con igual suerte, teniendo que luchar desde muy bajo para rescatarse. Finalmente Mike se preparó y yo lo seguí unos segundos después. Nos pegamos inmediatamente a la ladera a la izquierda del despegue, donde ala con ala, nos enroscamos en una tímida térmica que empezaba a formarse. Minutos mas tarde estábamos basenube, y simplemente partimos en direcciones opuestas, Mike hacia el Sur, rumbo a Cali, y yo hacia el norte, para dar inicio a una interesantísima prueba propuesta por Alejo Isaza. La prueba consistía en volar hacia el Despegue Oficial donde nos esperaba el start, para luego cruzar el valle hacia el puente de La Victoria, de nuevo volver a cruzar el valle hacia San Francisco (un caserío al norte de Toro), y cruzar una vez mas el valle, rumbo a Zaragoza, luego del cual, nos debíamos dirigir al sur hacia Obando, donde nos esperaba la meta. Inicié la transición siguiendo a Alejo Isaza, y dejando atrás a Jorge García, quien trepaba cómodamente afuera de la montaña. El techo no estaba muy alto y nos saltamos varias térmicas, para llegar hasta Amparito. Finalmente desde las cruces hasta Amparito, en una terrible descendente perdimos toda la altura y terminamos debajo de las torres de luz que rodean la montaña del despegue oficial, donde nos esperaban algunos pilotos que despegaron allí, y que lentamente descendían, haciendo todavía menos prometedor nuestro ascenso. Luego de rascar sin suerte varias veces el despegue, Alejo continuó hacia el norte, y aunque yo prefería devolverme un poco hacia el sur donde parecía haber más sol y más contraste, dada la poca altura (1200 msl sobre un valle de 950) preferí quedarme con Alejo para aumentar nuestras opciones exploratorias. Lentamente encontramos justo sobre higueroncito un pequeño núcleo que parecía querer reventar. Unos gallinazos por la izquierda, una levantadita de ala por la derecha, tres segundos de variómetro gritando un +2 para luego volver a un –2, y nosotros girando como locos en un último intento desesperado. Jorge García llegó bien por encima de nosotros y me pareció verlo jugar en Amparito mientras nosotros tratábamos de sobrevivir. Alejo no logró centrar el esquivo e inmaduro núcleo y terminó aterrizandose a poco mas de 1 km de la antena de Higueroncito. Yo logré remontar lentamente y la térmica pronto se tornó en algo más definido que me permitió volver al juego. Héctor Corrales me marcó un núcleo más fuerte un par de kilómetros hacia la Unión, y aproveché mis muy merecidos metros para unírmele en un nuevo intento por mantenerme en la banda de ascendencia (la banda de ascendencia es el área donde las térmicas tienen su mejor intensidad, y este día parecía estar entre los 600 y los 1100 mts sobre el suelo). Unos pocos giros y me dirigí hacia La Victoria. Tomé una buena térmica y ví como corrales continuó de largo hacia la boya, alrededor de 150 mts por debajo. Marqué la boya cómodamente, y me dirigí rumbo hacia las colinas que separan Toro y La Unión, donde convenientemente habían dos parapentes que venían desde Ansermanuevo. Me enrosqué con el primero de ellos y estuvimos girando bacanísimo, ala con ala, completamente centrados en un núcleo de´+2.5 m/s. Cuando empezó a disiparse, simplemente nos despedimos y mientras el arrancaba rumbo a La Victoria, yo me adelantaba hacia Toro, donde aproveché al segundo parapente como marcador, pero que estaba todavía varios metros por debajo. Otra térmica despampanante de generosos +3 m/s promedio que me disparó rápidamente hacia el norte, mientras Jorge García me daba alcance unos kilómetros detrás. A 5 km de la baliza de San Francisco, y ya planeando la forma de tomarla y de atravesar el valle, me encuentro de nuevo con Hector Corrales, quien con una jugada magistral nos había adelantado cruzando en una mejor línea ´(bastante más recta) el valle desde La Victoria hasta San Francisco prácticamente, sin desviarse hacia las montañas de Toro. Segundos más tarde estábamos de nuevo termaleando ala con ala. Me posicioné un poco mejor y logré montarme 200 metros sobre él en una térmica durante la transición hacia Zaragoza. Ví como marcaba la boya casi rodeando la baliza, varios metros debajo, mientras yo aprovechaba la última ascendencia con la cual el instrumento me reportaba 400 mts a la meta. Inicio la última transición y me detengo mientras Corrales trata de centrar una térmica 300 mts por debajo, y decido continuar a marcar la meta primero. Sobrevuelo el aeropuerto de fumigación justo al norte de Obando, donde nos esperan Alejo Isaza, Sergio Arango y Ani, y continúo un kilómetro más hasta asegurar la línea de meta con 500 metros de altitud, justo en un núcleo térmico en el que me relajo, mientras observo el avance de Corrales y de Jorge. Casi 14 minutos después Corrales cruza la línea de meta y sigue de largo, mientras Jorge se carga de altura a menos de 5 km de la meta, y se hace obvio que me van a dejar ahí tirado. Me pongo entonces en la tarea de volver a subirme en la línea de ascendencia y continuar hacia el sur. Corrales se aterriza entre Obando y La Victoria y yo me encuentro represado a 300 mts de altitud sobre las colinas nortes de la Victoria, mientras Jorge se prepara a cruzar el valle de nuevo hacia La Unión, donde unas nubes lo invitan, a pesar del marcado (pero suave) viento del pacífico, y la mala experiencia en Amparito. Me tardo 45 minutos en pasar La Victoria, un trayecto de sólo 7.5 km, pero finalmente me encuentro muy cómodo, con 2350 mts de altura con los que tengo prácticamente todos los aterrizaderos de la zona al alcance. Roldanillo y el aeropuerto están cerrados por un manto de lluvia, que dibuja el viento del pacífico, pero no parece avanzar más allá del río. Reporto al carro que me dispongo a aterrizar frente al aeropuerto (pista de carts) de Zarzal, donde llego con casi 600 mts de altura a iniciar un amplio patrón de aproximación. Aterrizo en cero viento con un excelente flare, para desquitarme del día anterior, después de 88 km de vuelo y cerca de 4:15 horas de vuelo. 26 May Entrenando para el campeonato mundial – Dia 1 (Sábado 23 de Mayo)Acercándose los días para el campeonato mundial, nos vemos motivados a realizar un viaje de entrenamiento a Roldanillo. El clima parece finalmente mostrar visos de verano y en lugar de 2 o 3 pilotos terminamos viajando una gran delegación de pilotos de Antioquia, rumbo a Roldanillo. Alejandro Trujillo lleva a su hermano Humberto a realizar su primer vuelo de alto luego de un período de inactividad, al igual que Hernando Gutierrez, quienes van con esposas e hijos. El clan García va con el carro lleno, con Carlos y Jorge García, y Gustavo (Campeche) que volaría su nueva adquisición: La Cross Country que fuera de Jorge, luego de D2, y finalmente de Campeche. Mauricio Hoyos por su parte, acompañado de Anibal, y Conrado Muñoz con Julio, también aparecieron por la zona, subiendo todos juntos al despegue en un carrito de estaca que alquilaron. Mike, Claudia y Oscar nos acompañaron de Cali el sábado y el domingo. Por mi parte, además de mi hermosa asistente y fotógrafa, y del “perro cadillo”, estuvimos con Alejo Isaza y con Sergio Arango. El primer día nos tomamos muchísimo tiempo en subir (llegamos algo tarde al despegue), armamos sin afanes como unos novatos, nos gastamos cerca de 1 hora cuadrando la prueba y los instrumentos, y no se qué otras pendejadas, y claro… se nos hizo tarde. Logramos despegar sólo 4 o 5 pilotos antes de que se pusiera de cola. Incluso mi despegue estuvo algo crítico, con una carrera larga y un poco estoleado (debo corregir este problemita, que al parecer estoy subiendo la nariz en el primer paso), y apenas salí en vuelo, el viento natural de cola me hizo perder mucha altura antes de llegar a una Amparito incipiente. La prueba que habíamos decidido y que estábamos dispuestos a volar al menos Conrado, Jorge y yo, consistía en volar hacia Bolivar, donde nos esperaba un start de entrada de 10 km, luego marcar la boya de Bolivar, y de ahí continuar rumbo a San Pedro (9 km al sur de Tuluá), y finalmente volver a Zarzal y aterrizar en el aeropuerto de Roldanillo, para un recorrido de 108 km. Conrado arrancó primero, y yo lo seguí, tomando el start 1 minuto después de la segunda ventana, y Jorge me siguió. Volé rápido y pasando Roldanillo tuve un pequeño descuido abusando de la altura, y terminé dentro de una nube en donde terminé haciendo una desagradable “S” mientras soltaba la geometría y drenaba la energía extra, y ponía a volar a la cometa suavecito en línea recta rumbo a Bolivar. Fueron 3 km dentro de la nube, pero salí sin problemas y con el rumbo preciso. Obviamente la primera lección es mantenerse cómodamente por debajo de la nube, pero una vez adentro, casi que lo mejor es mirar sólo el instrumento, bajar lentamente la velocidad a unos 45 km/h sin geometría, manener los brazos relajados para no sobre-controlar, y dejar que la cometa se estabilice. Luego hacer unas pequeñas correcciones de rumbo para ver cómo gira el rumbo en el instrumento, y con el fin de no sobrepasarse y empezar a oscilar, y simplemente respirar profundo y esperar pacientemente. Una vez fuera de la nube, seguía el paso hacia Bolivar, con un techo bajo que cerraba el paso, y no quería volverme a ennubar, pues se veía bastante más larga la nube, casi hasta la Cantera. Hice una pequeña S por el borde de la nube, mientras ponía geometría y aceleraba, y me lancé justo por debajo de ella, a más de 85 km/h, para mantener la altura a raya. Me volví a desaparecer un par de segundos, pero el brillo de un pequeño laguito me mantenía en rumbo y justo en las primeras barbas de la nube. Segundos más tarde estaba otra vez fuera y esta vez más controlado, ya 50 mts bajo la base, que no parecía estar chupando desmesuradamente. En todo caso, tenía el borde del corredor de nubes a menos de 500 mts a mi izquierda, hacia el valle. Llegando a la cantera de Bolivar bajé la geometría de 5/4 a 3/4 (No quería sorpresas). No obstante, me llevé una sorpresa al ver que Bolivar estaba casi tan incipiente como Amparito. Unos cuantos giros y continué de largo rumbo hacia las lomas intermedias de Huasanó, ahorrándome el circuito largo por la montaña, pero sacrificando más altura de la que me hubiese gustado. Afortunadamente el final del planeo me devolvió el favor con una suave térmica que me permitió remontar sobre la montaña y saltar hacia la última gran montaña antes de saltar hacia el Valle. Jorge se reportaba entre 8 y 9 km detrás. Crucé el valle hacia el aeropuerto de Tuluá, donde un helicóptero parecía estar haciendo ejercicios, entonces decidí evitar el aeropuerto en lo posible. Una cómoda térmica en el valle me permitió remontarme cerca de 1000 mts sobre el suelo, que de nuevo me permitieron pasar por la cabecera norte del aeropuerto a más de 800 mts para tomar otra térmica y luego aprovechar la mega ascendencia que ofrecía toda el área urbana de Tuluá. Una vez base nube, parecía que no nos bajaría nadie de allí. Rumbo al Sur, un cirro había contaminado todo y San Pedro estaba situado oportunamente en el último vestigio de sol. 6 kilómetros de planeo desde la última térmica rumbo a la boya de San Pedro, para luego volver 4 kilómetros un poco hacia el occidente del trayecto, en busca de otras superficies de contraste, hasta que encontré un núcleo que de nuevo me remontó. Un marcado corredor se pronunciaba hacia el oriente de Tuluá, varios kilómetros fuera de ruta, y un poco fuera del eje del viento noroeste, pero sería insensato no aprovecharlo. Paso Tuluá de regreso hacia Zarzal, muy por el oriente, y me monto sobre los pequeños valles que se forman al oriente de la línea de laderas al pié de la carretera. Lentamente el corredor de ascendencia se adentra más hacia el oriente, pero llega un momento donde debo dejar la conveniente ruta, y dirigirme hacia la boya. Tomo una buena térmica 3 km al oriente de Andalucía y realizo un planeo para salir hacia el valle de nuevo, pasando Andalucía y Bugalagrande, donde termino a 350 mts del suelo tratando de encontrar un núcleo esquivo que finalmente me marcan un grupo de gallinazos. Delante del peaje logro ver otra columna de gallinazos 1.5 km fuera de ruta hacia el oriente, y me aventuro hacia ellos, donde termino cómodamente en un planeo largo pasando La Paila. Tomo la última térmica, donde aseguro varios metros extra, pero el instrumento me está reportando 9.3:1 hacia la meta, y a pesar del viento del pacífico, que implica viento de frente en el último trayecto de 7 km, decido aventurarme. Finalmente llego con muy buena altura, (cerca de 400 mts) a la meta, pero el viento está inconvenientemente viniendo del norte, con 15 km en altura y 7-8 km en superficie. El aeropuerto está orientado oriente-occidente, por lo que aterrizar allí requerirá de una “artimaña” que me ponga en una final cruzada y justo en el último momento, un “flare” en giro hacia el norte. Realizo una aproximación larga y bajita, con un último giro de ganancia de energía que me dispara como un cohete a través de los pequeños árboles en la cabecera de la pista. Apenas los paso la gradiente me descuadra un poco y la cometica me inicia un giro de 90 grados hacia el norte. Sintiéndome muy bajo para girar, no tengo otra que dejar flotar la cometa rumbo a lo que sería mi primer aterrizaje forzoso en un cañausal.
Afortunadamente la caña de azucar resultó ser muy amigable. La cometa se desacelera suavemente y uno prácticamente no toca el suelo. Muy buenos 108 km con un final interesantísimo. 13 May Prensa y MediosAcercándonos al próximo campeonato Mundial de Ala Delta, Chabre 2009, también surgen los últimos intentos por conseguir un patrocinador que permita auspiciar algunos de los costos inherentes a la participación en este evento. Como consecuencia de esta búsqueda, desenterré algunos periódicos que mi esposa había guardado para mi, en donde he tenido la oportunidad de aparecer. Estoy convencido de haber aparecido en otras oportunidades, como el caso del 20 de Marzo de 2009 en El Colombiano, en donde también aparezco en la edición digital, pero no encontré la copia física para escanear. Inserto aquí las páginas respectivas del periódico El Colombiano: 27 de Agosto de 2002 9 de Agosto de 2003. 10 de Agosto de 2003 26 de Marzo de 2009 |
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